De la globalización del Discurso Capitalista formulado por Jacques Lacan

a la salida mortífera de la estructura social discursiva: el ejemplo de los Suruwaha


¿Por qué los ideales imperantes en nuestra sociedad no parecen traernos mayor felicidad? ¿Por qué nos vemos arrastrados por un modelo de vida que antepone la competitividad y el consumo de objetos a las relaciones amorosas entre los sujetos? La crisis actual en el vínculo social y la dependencia de los objetos no son algo puramente coyuntural, circunstancial o pasajero, sino que se ha introducido en la esencia, en la base de nuestra forma de vida.

La Teoría de los cuatro discursos que establece en 1969 el psicoanalista Jacques Lacan (“El reverso del psicoanálisis” 41) formaliza en una estructura fija las cuatro formas de establecer vínculo o lazo social que se han ido estableciendo a lo largo de nuestra historia. Se basa en que en todo lazo social deberán ponerse en juego necesariamente cuatro elementos:

1º, un sujeto faltante o deseante.

2º, un ideal-amo (enigmático e imperativo).

3º, un saber.

4º, un objeto de goce perturbador.

Cada elemento tendrá un lugar y una función diferentes en cada uno de los discursos que establece Lacan. Distinguimos así los cuatro lugares que cada elemento puede ocupar y que marcarán la función a realizar:

1º, lugar de verdad y fuente del discurso.

2º, lugar de agente o transmisor del impulso que se origina en la fuente.

3º, lugar del trabajo de producción realizado por el elemento receptor de ese impulso.

4º, lugar del producto que resulta de ese trabajo.

Lacan distribuye estas funciones en una estructura fija que muestra el siguiente esquema:

Como puede apreciarse en el esquema, el elemento que se sitúe en el lugar de la verdad permanece oculto para los demás y no podrá ser alcanzado por los otros elementos. Las dos barras horizontales colocan en la zona superior a los elementos más visibles o conscientes del discurso. Las flechas indican un circuito en el que unos lugares determinan o influyen sobre otros. La flecha o conexión esperada entre el producto y la verdad que completaría el circuito queda interrumpida por una barrera “/” que frenará la velocidad de conexión permitiendo establecer lo que Lacan llamó “tiempo de comprender”. Esta dificultad o disfunción es, precisamente, la clave del discurso como vínculo social: el elemento producido no podrá reintegrarse a la fuente del discurso, no podrá descubrir la verdad generadora del discurso. Hay, por tanto, un freno, una disfunción, una parte de caída o pérdida intrínseca en el funcionamiento de todo vínculo. Esta disfunción del circuito permite a su vez un tiempo de suspensión, un tiempo de espera necesario para que el vínculo pueda establecerse.

Lacan, en 1969, dará a cada uno de los cuatro discursos un nombre que depende del primer elemento visible, el que funciona como agente en cada discurso. Así, según el orden histórico en el que surgen, tendremos:

1º, el “Discurso del Amo”, en el que el ideal-amo ejerce como transmisor o agente visible, el saber ocupa el lugar del trabajo, el sujeto faltante ocupa el lugar de la verdad y el objeto de goce se sitúa en el lugar del producto:

El ideal que pone en juego el Discurso del Amo ocultará la falta del sujeto deseante (si algo desea es porque algo le falta) y transmitirá su impulso para que el saber se ponga a trabajar y produzca un objeto de goce, objeto que quedará separado e inalcanzable para el sujeto deseante. Así, el Discurso del Amo funciona cuando un ser hablante identificado a un ideal de “amo”, pero ignorante realmente de lo que desea como sujeto, manda y pone a trabajar al saber para que produzca un objeto que nunca podrá satisfacerlo realmente. Por eso, el objeto de goce producido es un exceso, siempre perturbador, porque nadie puede gozar de él realmente.       

2º, surge el discurso del sujeto faltante que Lacan llamará “Discurso Histérico” porque es este sujeto, el sujeto histérico, el que hace visible su falta y funciona como transmisor del discurso. Los cuatro elementos se situarán así:

3º, surge el discurso del saber, cuya emergencia histórica es ubicada por Lacan en la aparición de la institución universitaria y por eso lo llama “Discurso Universitario”:

Y 4º, el discurso del objeto perturbador, que Lacan sitúa en la emergencia del psicoanálisis a partir de Freud y que, por tanto, denomina “Discurso del Analista”:

Tenemos, entonces, cuatro discursos o formas posibles de hacer vínculo integrados por cuatro elementos, siempre los mismos, que van rotando y realizando funciones diferentes.

Sin embargo, cierta confluencia histórica de los elementos discursivos nos ofrece como resultado una estructura diferente, un nuevo discurso o “pseudodiscurso” que Lacan, en una conferencia de 1972, denomina “Discurso Capitalista”. Se trata, según este autor, de una astuta deriva del Discurso del Amo erigido en una promesa: ¡Todos podemos hacernos cargo de todo lo que producimos! ¡Podemos gozar de esos objetos sin pérdida! Por tanto: ¡podemos ser los amos de nuestro goce!

El primer efecto de esta quimera es que la barrera que protege el lugar de la fuente oculta del Discurso del Amo cae, con lo que el discurso no se frena, “irá sobre ruedas”, funcionará “demasiado bien”, dirá Lacan. Se perderá la pausa, la interrogación, el tiempo de comprender. Sería el primer paso del Discurso Capitalista:

Y, en un segundo paso, el ideal-amo hasta entonces visible y atacable en su función de agente del Discurso del Amo, pasará a ocultarse, a parapetarse en el lugar protegido de fuente o verdad del discurso sin que las relaciones entre los elementos cambien. Este ocultamiento vuelve al ideal-amo mucho más poderoso, menos localizable, más invulnerable:

El sujeto expone su falta a cielo abierto; tornará así en “in-dividuo”, sujeto no dividido que reclamará su satisfacción individual, separado de lo social. Con ello, el Discurso Capitalista “va sobre ruedas”, generando la ilusión de que no hay freno al goce. Aquí no hay vínculo posible porque se perderá la pausa, la interrogación sobre el deseo, el tiempo de comprender y, por el contrario, se fomentará la actuación y el pasaje al acto.

También podemos precisar cómo se van perfilando en la actualidad los cuatro elementos de este discurso:

Para el Discurso Capitalista el sujeto vale solo como consumidor, consumidor identificado a un ideal “amo” que es un ideal de mercado. El amo, hoy el mercado global, transmite su impulso a un saber tecnológico que trabaja para producir mercancías que son, a su vez, objetos lanzados sin pausa sobre el sujeto sin protección posible. ¿Y sus efectos? El individuo desmiente su falta y, con ello, su adscripción social y simbólica, y persigue ilusoriamente su satisfacción a través de esos objetos. El mercado tiene objetos para todos puesto que la oferta genera la demanda (y no al revés). Todos: ricos y pobres, somos potenciales consumidores. Si no podemos pagar no importa, están los créditos, siempre puede haber un crédito más y nadie quiere quedarse fuera.

El mercado como amo depende de la expansión sin límite de este discurso globalizado que exhorta al goce inmediato a través del consumo; no importan las consecuencias, ni los sujetos, ni las siguientes generaciones: goce para todos y objetos de consumo para cada uno. El “amo-mercado” se siente tan invulnerable que no oculta sus miserias; es más, las expone y las utiliza como instrumento de control a través del miedo a quedar excluido. Tiene también la capacidad de utilizar sus propias crisis para fortalecerse, como hoy estamos viendo. El discurso capitalista es un discurso totalizador, es para todos, es capaz de recoger e incorporar los desechos del resto de los discursos porque ¡todos tenemos derecho a gozar sin restricciones! 

Instaurar un ideal de mercado integrador, globalizado, basado en cerrar, curar o excluir la división del sujeto lleva a pretensiones (bienintencionadas o no) de establecer un ser humano completable, programable y normalizable, en “completo bienestar”, dice la O.M.S. en su definición de salud. De este ideal se apropia el discurso capitalista porque le encaja como un guante: hay que integrar la anormalidad, en el sentido de lo que se sale de la norma, y suprimir el síntoma, considerado como desequilibrio bioquímico; síntoma que se puede diagnosticar, unificar y curar con el fármaco adecuado, garantizado por “expertos” bien adiestrados, y venderse por millones. Las consecuencias de ello son brutales: pueblos, incluso naciones enteras expoliadas, millones de niños y adolescentes drogados para tratar, por ejemplo, su “trastorno por déficit de atención”, sujetos pasivizados y adictos a pantallas luminosas de todo tipo, crecimiento exponencial de las autolesiones y de los suicidios…

Vamos a tomar el ejemplo de los Suruwaha, pueblo que, según Rangel, vive entre los ríos Coxodoá y Riozinho del estado de Amazonas. Su historia surge a partir del despoblamiento por las epidemias y la devastación que abatieron la región en las primeras décadas del siglo XX por la invasión de las explotaciones de sus recursos naturales, lo que llevó a los Suruhawas a juntarse y a constituir una nueva sociedad a partir de las comunidades despobladas. Rangel expone:

Del nuevo acuerdo resultó un pueblo unido en lengua, formas de reciprocidad y protección. Parte de esa cohesión parece haber consistido en deshabilitar las funciones de los rituales, distribuidas entre diferentes personas, afectando especialmente a los poderes chamánicos de viajar al cielo y retornar a la tierra. Los poderes chamánicos concentran el conocimiento especializado de los cosmos, de los espíritus que curan, que matan y diseminan enfermedades, pudiendo afectar a individuos infractores, o incluso, vengando a personas o grupos […] El pueblo Suruwaha, parece haber optado por no tener chamanes, distribuyendo sus poderes y minimizando sus fuerzas. (Rangel 35)

Según Lacan, para la ciencia, magia y religión “no son sino sombras, pero no lo son para el sujeto sufriente con el que tenemos que vérnoslas”:

La magia supone el significante respondiendo como tal al significante. El significante en la naturaleza es llamado por el significante del encantamiento. Es movido metafóricamente […] la operación eficaz es concebible, bajo el mismo modo que ella ha sido concebida […] para ello es esencial poner en estado al sujeto, al sujeto chamanizante. Observemos que el chamán, digamos de carne y hueso, forma parte de la naturaleza, y que el sujeto correlativo de la operación tiene que recortarse en ese sostén corporal. (“La ciencia y la verdad” 849)

En la magia un significante de la naturaleza responde literalmente a otro, pero requiere de poner en estado natural al chamán, que cede su cuerpo para servir de sostén idealizado al sujeto implicado: trueno, lluvia, meteoros, milagros…funcionan como significantes que son llamados por los significantes del encantamiento y responden correlativamente a la forma de convocarlos; lo natural responde a lo natural. Se reproduce así el vínculo correspondiente al Discurso del Amo: la verdad del sujeto faltante que está bajo la barra queda oculta y sometida al ideal enigmático del cuerpo en estado natural del chamán, y lo natural responde literalmente. La verdad del sujeto como deseante queda velada, tanto en la transmisión operatoria como en su acto, pero el cuerpo natural de ese sujeto queda recortado y su goce queda vinculado a lo social. Esto es lo esencial: el cuerpo del chamán puesto en forma natural sostiene la operación simbólica de la que surge el cuerpo social del sujeto. El cuerpo natural del chamán requiere de una entrega plena, sin un límite que recorte y que separe lo social de lo natural; ese cuerpo natural hace de sostén idealizado y enigmático, pero el sujeto implicado queda recortado, separado del cuerpo natural y ubicado en una estructura social. Recordemos que el Discurso del Amo funciona como vínculo social gracias a un freno o pérdida en la satisfacción plena del sujeto, operación que encarna, como agente transmisor del discurso, el chamán.       

Los Suruwaha, como reacción al despoblamiento indígena provocado por la invasión del discurso capitalista, se constituyen como pueblo deshabilitando los rituales y la jerarquía de los chamanes. Quedan así atrapados entre la pérdida de los vínculos ancestrales basados en el discurso del “amo-chamán” y el empuje a un goce sin freno que fomenta el discurso capitalista invasor. Su organización social parece bien cohesionada; se basa en compartir espacios de cohabitación, sin delimitaciones claras ni privilegios preestablecidos, y en la exaltación de los atributos individuales. Sin embargo, como indica Dal Poz, “uno de los aspectos más incisivos de la sociedad sorowaha es la regularidad de la muerte voluntaria por medio de la ingestión de konaha”, sustancia que obtienen de una planta utilizada para el envenenamiento de peces. Los suicidas son, en su mayoría, jóvenes. En los Suruwaha “no se observa hasta el momento una institución de mando o cualquier modelo de centralidad política […] permanecen reunidos en una de las grandes casas cónicas que se yerguen en la parte central de su territorio […] sin paredes laterales ni divisorias internas”. En esta organización cerrada se manifiesta la pérdida de una cadena de transmisión generacional simbólica y una exaltación de la nominación y de los valores individuales, “estamos delante de un sistema que focaliza esencialmente en los individuos […] el vigor juvenil es constante y ostensivamente exaltado y las exhibiciones de fuerza física acontecen a menudo” (Dal Poz). En este contexto, Dal Poz dota al consumo de veneno de una función social concreta: “el uso recurrente del konaha emerge propiamente como un contrapunto, en el cual una cierta división social se produce […] mediatizada por el gesto suicida […] se trata de una operación que interioriza y propaga la disensión en los límites del grupo local, discriminando los componentes más elementales de la estructura social […] El suicida, con su actitud temeraria, se posiciona en una disputa que puede ser glosada como un tira y afloja entre vivos y muertos”. Y Dal Poz concluye, “en ese nuevo cuadro, de un lado la hechicería exhibe una imposibilidad lógica: de ahí la debilidad de los hechiceros, porque ni ellos ni su arte tienen más lugar dentro de un colectivo unificado […] Y del otro lado, el suicidio podría ser visto como una cierta forma variante del hechizo”.

Pero ¿por qué los jóvenes Suruhawa llegan a ese límite? ¿Por qué se requiere establecer la fragmentación, la oposición, los límites en su estructura hasta el punto de entregar la propia vida para darles consistencia? Y, ¿cómo no ver en ello un reflejo de la prevalencia creciente de autolesiones y suicidios, especialmente entre los jóvenes, de nuestro mundo “civilizado”? Los Suruwaha quedan atrapados en un lugar imposible entre la pérdida de su antigua organización social basada en un Discurso del Amo encarnado por el chamán que recorta el “cuerpo natural”, limita el goce y permite los vínculos basados en esa renuncia, y la entrada abrupta del discurso capitalista que empuja al consumo sin pausa de productos que prometen la satisfacción plena. Quedan atrapados porque, en primer lugar, entre el tiempo del “chamán” y el tiempo del “mercado” no han podido, o no les han hecho posible, generar otras formas de discurso que les hubiera permitido una intermediación, una progresión, un “saber-hacer” diferente con ese objeto de goce perturbador que “cae” del Discurso del Amo. Y, en segundo lugar, porque si el funcionamiento del Discurso Capitalista depende de su expansión, es decir, de la renovación constante y acelerada de los productos de consumo, los Suruwaha siguen funcionando como una comunidad cerrada, es decir, no se integran en un mercado de renovación de productos. Esto les hace inútiles para ese discurso y convierte al Kohane en un objeto de goce que no se desecha y al que quedan fijados en su intento de hacer valer la pérdida del cuerpo natural que requiere el vínculo social.

Biografía

Jorge Marugán (Doctor en Psicología, UCM) es Profesor del Departamento de Psicología Evolutiva de la Universidad Complutense de Madrid, y miembro del Grupo de Investigación “Aplicaciones del Arte en la Integración Social: Arte, Terapia y Educación.” Sus líneas de investigación son la psicología clínica y el proceso psicoterapéutico, la constitución de la subjetividad y las estructuras clínicas, el vínculo social, los malestares sociales y los síntomas contemporáneos, entre otras áreas.

 

Obras citadas

Dal Poz, Joao. “Zuruaha”.  Povos indígenas no Brasil, https://pib.socioambiental.org /es/Povo:Zuruah %C3%A3. Consultado el 30 de octubre de 2023.

Lacan, Jacques. “La ciencia y la verdad”. Escritos 2. Siglo Veintiuno, 1975.

—-. El seminario. Libro 17. El reverso del psicoanálisis. Paidós, 1992.

—-. “Conferencia en la Universidad de Milán”, 12 de mayo de 1972, https://www.academia.edu/44038997/Conferencia_en_Mil%C3%A1n. Consultado el 15 de agosto de 2023

“Preguntas frecuentes.” Organización Mundial de la Salud, https://www.who.int/es/about/ frequently-asked-questions. Consultado el 30 de octubre de 2023.

Rangel, Lucia Helena. “Violencia autoinfligida: jóvenes indígenas y los enigmas del suicidio”. Desidades, 2019, pp. 27-38. http://pepsic.bvsalud.org/scielo.php?script=sciabstract&pid=S2318- 2822019000400003&lng=pt&nrm=iso&tlng=es. Consultado el 30 de octubre de 2023.

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